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2 de febrero de 2026

El boom del café de especialidad en Bahía: una taza, un ritual

Dejó de ser un hábito y pasó a ser una experiencia. Referentes locales explican por qué crecen estos espacios y cómo cambió el consumo.

Durante años, el café fue en Bahía Blanca un hábito casi automático: una pausa breve, una excusa para acompañar una charla o cortar la rutina. Sin embargo, en silencio y de manera sostenida, algo empezó a cambiar. Porque dejó de ser solo una bebida para transformarse en una experiencia, y las cafeterías de especialidad se consolidan como tendencia.

El fenómeno responde a una transformación cultural mucho más amplia. El consumidor bahiense ya no se conforma únicamente con “tomar un café”, sino que busca saber qué está tomando, de dónde viene, cómo fue preparado y qué historia hay detrás de cada taza. En ese recorrido, conceptos que antes parecían algo lejanos —origen del grano, métodos de filtrado, perfiles sensoriales, tueste— comenzaron a incorporarse de manera natural al día a día.

 

Las cafeterías de especialidad se distinguen justamente por ese enfoque. Trabajan con granos seleccionados, generalmente de origen identificado, priorizan tostadores artesanales, cuidan cada etapa del proceso y ponen al barista en un rol central. No se trata solo de servir café, sino de interpretar el grano, respetar sus características y ofrecer una bebida que exprese identidad.

Bahía encontró en este movimiento un terreno fértil. Su perfil universitario, la circulación de jóvenes profesionales y una escena gastronómica diversa, contribuyen a que estas propuestas no solo se sostengan, sino que se multipliquen.

Uno de los pilares del café de especialidad es su origen.

En el mapa local, algunas cafeterías han logrado consolidarse como referencias en el rubro. “Búlgaro” es uno de los nombres que aparece de manera recurrente. Otro caso destacado es “Ancona”, que supo construir una identidad dentro de este universo del café de especialidad. Y en el mismo circuito se encuentra “La Casa de las Flores”, una propuesta que combina esta infusión con una fuerte impronta estética.

En todos estos casos, el cuidado por los detalles, el entorno y la experiencia integral forman parte de una tendencia que entiende al café como un ritual cotidiano, pero también como un momento especial.

Más allá de los nombres propios, el crecimiento de estas cafeterías refleja un cambio de hábitos. Hay más tiempo dedicado a la elección, mayor predisposición a probar métodos nuevos —como V60, prensa francesa o aeropress— y una relación más cercana entre el cliente y quien prepara el café. El barista deja de ser un intermediario invisible para transformarse en un actor clave, capaz de explicar, recomendar y adaptar la bebida al gusto de cada persona.

Un barista de especialidad se enfoca en la calidad.

Este fenómeno también habla de una ciudad que empieza a valorar lo artesanal, lo cuidado y lo auténtico. En un contexto donde el consumo se vuelve rápido y estandarizado, las cafeterías de especialidad proponen lo contrario: frenar, observar, sentir, probar. Ese gesto simple, aunque significativo, explica gran parte de su éxito.

Bahía se suma así a una tendencia global, aunque con identidad propia. El café de especialidad no reemplaza al tradicional: convive, amplía opciones y propone nuevas formas de encuentro. Todo indica que este movimiento seguirá creciendo, impulsado por un público cada vez más curioso y por emprendedores que apuestan a la calidad, la formación y la experiencia.

“El cliente es cada vez más exigente”

Como se mencionó previamente, uno de los referentes de esta rama cafetera en la ciudad es Búlgaro. Su dueño, Tomás Rotnitzky, aportó su mirada sobre el fenómeno en diálogo con esta redacción. “Con respecto a los cambios que notamos en el cliente bahiense, yo creo que es un poco la tendencia de lo que ocurre a nivel país, donde la gente se está acostumbrando a tomar un café mejor”, explicó.

En ese sentido, sostuvo que el propio consumo va generando un cambio en la exigencia: “El cliente cada vez se va poniendo un poco más exigente porque va probando cosas nuevas. Y lo que tiene el café es que es muy difícil cuando uno prueba un café rico, volver a un torrado o muy mal preparado”.

Para Rotnitzky, el crecimiento del sector no depende solo del grano, sino de todo el proceso. “No todas las cafeterías de especialidad tienen un excelente café, y también uno puede tener un grano de especialidad y, si está mal preparado, se echa todo por la borda”, remarcó.

Sobre la idea del café como experiencia, fue contundente: “Yo creo que va acompañando una experiencia en el café, la bebida en sí, que si se quiere es mejor, pero cada cafetería trata de darle su impronta”. En el caso de Búlgaro, señaló que la propuesta se apoya en dos pilares claros: “Tratamos de que sea muy apuntado al producto y a la atención al cliente. Que lo que comas y lo que tomes esté rico para nosotros es fundamental”.

En ese camino, destacó el valor de los detalles cotidianos: “Tratar bien al cliente, con respeto, buenos días, buenas tardes, buenas noches, gracias. Esas cosas son pequeños detalles que al cliente y a la gente le gustan y hacen que se fidelice y que pueda volver”.

Rotnitzky consideró además que Bahía Blanca ofrece condiciones favorables para el desarrollo del café de especialidad. “Creo que todavía hay espacio para más. Hay mucha gente que aún no toma café de especialidad, que no lo conoce”.

“El café es el lugar donde pasan las charlas más lindas”

Para Tobías Casalli, dueño de Ancona, el café siempre fue mucho más que una bebida. En diálogo con el programa de streaming Irresponsables, dijo que su vínculo con el café nació incluso antes de pensar en abrir una cafetería, atravesado por su trabajo diario en el rubro inmobiliario. “Cualquiera que está en el rubro inmobiliario sabe que es un rubro de cafés. Todo el día estás consiguiendo clientes o hablando con alguien, y todo termina en un café”, señaló.

En ese recorrido cotidiano, Casalli empezó a notar algo que se repetía. “Las charlas más lindas, las más feas y las más difíciles las tenemos todos en un café”, afirmó, y ubicó allí el germen del proyecto. “Empezó a surgir esto de decir: si te tomás mal el café, por lo general decís ‘me cae medio pesado, es medio ácido o medio amargo’”, explicó, al marcar el quiebre entre el hábito automático y una experiencia más cuidada.

Desde su mirada, ese cambio también implicó revisar ideas arraigadas en el consumo local. “Estamos acostumbrados a que el café lo asociamos con el color negro y el amargor”, sostuvo. Y explicó que ese perfil responde a un tipo de grano torrado “que llega a ese color por el azúcar quemada”, una práctica que, según indicó, “en muchos lugares del mundo está prohibida”.

Casalli consideró que el crecimiento del café de especialidad en Bahía Blanca se apoya en un consumidor más informado. “No es solo ir a tomar un café y pasarla bien. Hoy el cliente quiere saber qué está tomando, de dónde viene, qué proceso tuvo y quién se lo preparó”, afirmó. Y añadió: “El café de especialidad se trata de eso: de poder explicar todo el recorrido, desde el origen hasta la taza”.

“Nosotros no vendemos café, vendemos momentos”

Para Samanta Belloco, encargada de La Casa de las Flores, el cambio en el consumo del café en Bahía es notorio y sostenido. “El cliente cambió muchísimo. Hoy sabe más, pregunta, compara. Ya no es un café al paso: viene a hacer la pausa, a pasar un rato, valora el lugar, el clima y la atención”, explicó. En ese sentido, sostuvo que lo que hoy busca el público es “una experiencia más integral”.

Desde su mirada, el café funciona como punto de partida, pero no como único eje. “El café es la excusa. Hoy la experiencia es todo”, afirmó. Y detalló que la propuesta de La Casa de las Flores apunta a que ese concepto atraviese toda la visita: “Lo que intentamos es que eso se viva desde el momento en que entrás hasta el momento en que te vas”.

Belloco fue clara al definir la identidad del espacio. “Nosotros no vendemos café, vendemos momentos, vendemos experiencia”, remarcó. Según explicó, esa experiencia se construye a partir de un conjunto de elementos: “El ambiente, el plato, la cocina, la pastelería, el café. Todo tiene que funcionar como un todo para que ese momento quede y nos elijan por eso”.

Finalmente, consideró que Bahía ofrece un escenario propicio para el desarrollo del café de especialidad. “La ciudad creció en consumo y en interés. Hay muchísimas opciones y no creo que sea una moda”, sostuvo la especialista. Y concluyó: “Cuando la propuesta es honesta y bien trabajada, la ciudad acompaña”.

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